“PASÓ HACIENDO BIEN”

(Síntesis de la Vida Pública de Jesús)

Ya contemplamos la vida oculta de Jesús: sus 30 primeros años.

Ahora contemplaremos la Vida pública: sus 3 últimos años. Contemplar todo lo que dijo y dijo en ese tiempo requiere toda la vida. En estos Ejercicios sólo podemos dedicarle una sesión.

+ Para sintetizar ese trienio en una contemplación, ¿qué página elegir dentro del abanico tan amplio de posibilidades?

Voy a sugerir 3 pasajes en que aparece esquemáticamente la actividad plural de Jesús a lo largo de los 4 evangelios y a lo ancho de Tierra Santa.

Composición de lugar. Recordemos que la Contemplación es sumergirse en la escena “como si presente me hallase”, interviniendo activamente. Miremos las personas, Veamos lo que hacen, Oigamos lo que dicen. Pero, sobre todo, contemplemos y escuchemos a Jesús, reflejándolo en nosotros, para sacar algún provecho.

Petición. La oración propia de la 2ª semana: “Conocimiento interno de “este” Cristo de la vida pública, para más amarle y seguirle mejor”.

La 1ª secuencia: Síntesis de la Vida Pública de Jesús (Mt 4,23-24).

a) Mezclémonos con los discípulos, para no perdernos detalle. ¿Qué enseñaba Jesús? “Anunciaba al buena noticia del Reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias de la gente”. ¿Qué curaba Jesús? “Le traían a todos los que padecían algún mal: a los que sufrían diferentes enfermedades y dolores, y a los endemoniados, lunáticos, paralíticos. Y los curaba”. 2 cosas hacía Jesús, que eran una: Su enseñanza era “con autoridad”, porque no se reducía a meras palabras. Consciente de que “una cosa es predicar y otra dar trigo”, Jesús practicaba ambas: decir y hacer.

Reflectir: Al espejarnos en este ejemplo docente de Jesús “con autoridad”, debemos preguntarnos: ¿No nos sobran palabras y nos faltan obras? ¿No hay inflación de discursos y deflación de acciones? ¿No predicamos demasiado, pero damos poco trigo? Jesús anunciaba la buena nueva del Reino. No era un aguafiestas, un ceñudo profeta de negaciones y prohibiciones, sino un mensajero de buenas noticias, de albricias, que se sintetizan en el Reinado de Dios. Por eso le seguía la gente entusiasmada.

Más que el reinado de Dios, Jesús nos anuncia al Dios del reino: que no es un déspota, sino un Padre que quiere, en lugar de súbditos, hijos suyos y hermanos entre sí. Según Jesús, el reino de Dios es una familia bien avenida. Reflectir: ¿Es nuestra enseñanza teórico-práctica del cristianismo como la de Jesús: una buena noticia? ¿O somos esos “profetas de calamidades”, que censuraba Juan XXIII?

En 2º lugar, “Jesús curaba toda clase de enfermedades y dolencias”. Se podría hacer una lista de ambulatorio, hospital o clínica, con todas las enfermedades curadas por Jesús a lo largo de los cuatro evangelios. Suprimir todas las páginas sobre el Jesús sanante sería mutilar gravemente la Buena Noticia. Sobre el sentido de las curaciones de Jesús, tradicionalmente se han presentado como una prueba para demostrar su divinidad. Hoy nos convence más el verlas como un argumento para mostrar su humanismo, su corazón, que “sentía compasión de la gente”.

+ Otra dimensión que observamos: Jesús curaba a todos, sin discriminación: niños, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, compatriotas y extranjeros.

Reflectir: Mientras contemplamos al Jesús sensible al sufrimiento humano, pulsemos esta doble reacción: ¿Nos ponemos a tiro, para dejarnos sanar por Jesús de nuestras taras espirituales, o se las ocultamos con autosuficiencia? ¿Imitamos la dimensión sanitaria de Jesús, intentando sanar cuerpos, almas y corazones de los demás?

2ª secuencia: Resumen de una jornada tipo en la Vida Pública de Jesús (Mc 1,32-39) Contemplemos un día en el calendario de Jesús, al comienzo de su vida activa. “De madrugada, antes del amanecer, Jesús se levantó y, saliendo de la ciudad, se dirigió a un lugar apartado a orar” (35). Descubramos a Jesús en esta amanecida de Cafarnaún. Contemplemos, en silencio, al Jesús orante.

Aquí, al comienzo del día, para consagrarlo al Padre, antes de salir el sol. Escuchémosle repetir: Abba, Abba. (En Tierra Santa sentí lo que significa esta palabra. Fue al ver a un niño corriendo tras su padre, diciéndole “Abba, abba!”, como cuando nosotros, de niños, llamábamos “¡Papá, papá!”.) Reflectir: Si no hallamos oportunidad para la oración diaria matinal, al menos no omitamos nunca el Ofrecimiento personal de la jornada a Dios. Nadie más ocupado que Jesús, pero nadie más orante. Si no tenía tiempo, lo robaba del sueño, madrugando. Si tenía que conectar con los hermanos, tenía que hablar primero con el Padre para saber qué decirles y cómo tratarles.

Reflectir: Nuestra agenda cargada no nos autoriza a dejar la oración a Dios. ¿Seguimos creyendo que “la oración es el alma de todo apostolado”? Si no cargamos las pilas, ¿cómo vamos a iluminar a otros? La oración es el “móvil” de contacto con el Padre, siempre abierto, con cobertura permanente. Orar no es “perder el tiempo” con Dios, sino ganar tiempo con Dios para bien de los demás. A lo largo del día, si no podemos tener tiempos de paréntesis oracional, al menos hemos ¿no podemos salpicarlos de jaculatorias?: “Señor, todo por Ti”, “Gracias, Padre”... Teresa de Lisieux decía que no estaba más de tres minutos sin pensar en Dios. En otras ocasiones, los evangelios nos presentan a Jesús orando en distintas horas del día y de la noche, y en diversos lugares: en el monte, antes de la elección de los 12. Igualmente, antes de calmar el lago encrespado. También en Getsemaní. Era una práctica habitual nocturna de Jesús: conversar con el Padre sobre la marcha del día pasado y planificar el siguiente.

Reflectir: ¿Es nuestro último rato, antes de dormir, para el Padre, para examinarnos ante Él, darle gracias, pedirle perdón y preparar nuestra agenda de mañana? En este día tipo de Jesús, tras la oración, vemos la acción. Escuchemos a Pedro que le dice a Jesús, al verlo orando al amanecer: “Todos te buscan”. La respuesta de Jesús: “Vamos a los pueblos cercanos a anunciar el mensaje también allí. Para eso he venido”.

Descubramos la triple acción de Jesús, en un día de su agenda:

1ª) Acción docente. ¿Cómo? Recorre Galilea entera, sin coche, sin avión ni tren, ni siquiera a caballo. A pie. ¿Dónde habla? En las sinagogas, aprovechando el centro de reunión del pueblo. Otras veces, en calles y plazas, en caminos y playas, en montes y llanuras. Escuchémosle: ¿Qué anuncia? El mensaje: la buena noticia del Reino de Dios, el plan del Padre para la convivencia humana. Reflectir: ¿Es el Evangelio nuestro libro de lectura y formación permanente, nuestro libro de cabecera? ¿Inspiramos en él nuestros criterios y nuestro magisterio? ¿Ante todo predicamos “el Reino de Dios y su justicia”? ¿No tenemos a veces criterios mundanos?

2ª) Acción liberadora: “Expulsando demonios”. “Y expulsó muchos demonios”. Dejemos a los exegetas interpretar si los demonios son seres personales o personificaciones del mal moral. Lo indiscutible es que Jesús liberaba del mal o del malo a la gente. Esa labor de soltar ataduras de esclavitud espiritual se repite dos veces en esta síntesis de un día en la vida de Jesús, y en diversas ocasiones en otros pasajes.

3ª) Acción sanante: Con machacona insistencia, Marcos nos repite que Jesús liberaba no sólo del mal espiritual, sino también del físico: “Al anochecer, cuando ya el sol se había puesto, le llevaron todos los enfermos (…) Y Jesús curó a muchos que padecían diversas enfermedades.” (32 y 34). Es incuestionable la acción curativa de Jesús. Repitámoslo: suprimir de los 4 evangelios las referencias a curaciones masivas, grupales y personales supondría descuartizar la buena nueva de la vida pública. A Jesús no le interesaban sólo las almas: le importaba el ser humano completo, que es espíritu encarnado, cuerpo animado. Y el motor de sus curaciones era el humanismo de su corazón, su compasión, su misericordia, hacia las miserias humanas, también las corporales: “Me da compasión esta gente”.

Reflectir: Mirando al Jesús histórico real, hemos de cambiar nuestra actitud de “salvar almas” por la de “salvar personas”, porque Jesús “pasó haciendo bien” corporal y espiritual. 3ª secuencia: Programa de la Vida Pública de Jesús (Lc 4,16-21) Tras la contemplación de una síntesis de la Vida activa de Jesús y de una jornada de su agenda, ofrezco una tercera sugerencia sobre el Manifiesto de la actividad pública de Jesús, por si aún falta materia.

Sin cansarnos, sigamos a Jesús andariego desde Cafarnaún hasta su pueblo: “Llegó a Nazaret (…) y, como tenía por costumbre, entró el día festivo en la sinagoga y se puso en pie para leer las Escrituras. Le dieron el libro del profeta Isaías y, al abrirlo, encontró el pasaje que dice: -El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar a los pobres la buena nueva de la salvación; me ha enviado a anunciar la libertad a los presos y dar visión a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia.” (16-19). ¿Fue causal el hallar esta página de la Escritura, o fue elegida por Jesús? Sin duda, encontró este pasaje porque, tras desenrollar el rollo, lo buscó. ¡Lo habría leído y meditado tantas veces! Era el programa escogido para toda su vida pública, allí, en el Nazaret de su vida privada. Allí estaba María. Acerquémonos a ella, para ver cómo bebe las palabras de su Hijo.

Lo 1º que llama la atención es el influjo del Espíritu Santo: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Aprendamos a qué conduce el Espíritu a Jesús: - A llevar la buena noticia salvadora a los pobres - A iluminar a los ciegos - A proclamar un año de gracia. Por dos veces aparece en el programa la liberación: A liberar a los oprimidos y a liberar a los presos.

Reflectir: ¿Es para nosotros el Espíritu Santo “el Dios desconocido”, o es el Alma de nuestra vida espiritual y apostólica? ¿Es el Viento y la Llama de nuestro Pentecostés pastoral, como el de la primitiva iglesia? ¿Liberamos de cualquier opresión, esclavitud, cárcel moral o física? ¿Seguimos la opción posconciliar por los pobres, o la hemos olvidado ya? ¿Iluminamos con la luz evangélica a los ciegos voluntarios o ignorantes? ¿Cumplimos la consigna de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo”? Ante la oscuridad espiritual y moral de una sociedad de espaldas al Evangelio, ¿cedemos a la tentación del pesimismo, o encendemos nuestra vela para iluminar cristianamente alrededor? ¿Proclamamos la gracia perdonadora, o cargamos las conciencias y la vida de la gente?

Coloquio.

Terminemos pidiendo a Jesús que nos admita en el compromiso de tomar como programa cristiano su tarea de predicar y dar trigo, de sanar y liberar, de anunciar la buena nueva del Reino del Padre. En una palabra, “pasar haciendo bien”, como él. “Sabor a Cristo” Saber a Cristo vivo, Amarle con pasión, Seguirle intensamente, concédenos, Señor.

Gustar a Jesucristo, Quererle más y más, Servirle cada día, otórganos, Señor. Desvélanos al Cristo Maestro de los hombres, Salud de los enfermos, haciendo siempre el bien. -