
Muchas veces, por las prisas, la rutina, vamos viviendo sin darnos cuenta de lo que hacemos, sin reflexionar en lo qué hacemos y decimos. Por eso es bueno pararse. Dios quiere que seamos felices y nos marca un camino. Muchas veces lo que más cerca tenemos lo desechamos, sin darle importancia, y era el mejor camino. Vamos a repasar los mandamientos y a intenter vivirlos de verdad en nuestra vida. Ya verás que cambio se produce en ella.
Léelos despacio, sin prisa, uno cada día o cada dos días, o una vez a la semana. No es sólo cuestión de leer sin más. sino de que vayan entrando en nuestra vida para ir alcanzando, cada día, la felicidad.
Muchas veces hemos sentido -y padecido- en nuestra vida la crítica, las malas lenguas, la envidia, el robo.... pero demasiadas veces pensamos en el mal de los demás, pero no nos paramos a pensar en lo qué hacemos y decimos nosotros, como si no tuviéramos pecados. Esta lectura seguro que nos ayuda a crecer en nuestra vida interior.
